Atenas, hasta la próxima

Un día com poca historia y pocas fotos. Un último día muy típico, recojer la habitación, disfrutar del desayuno del hotel (muy bueno) y dejar allí las maletas, y pasear sin rumbo. Las cosas principales ya las habíamos visto así que nos quedava pasear haciendo tiempo y comprar souvenirs. Además en teoría no había huelga pero queríamos ir al aeropuerto con tiempo suficiente.

Al fondo nuestro hotel.

Visitamos con un poco de calma las columnas del templo de Zeus Olímpico, de unas medidas colosales. Y nos sirve la misma entrada de la Acrópolis, hemos sacado mucho rendimiento a esos 12 euros.

Vamos a Plaka a por los souvenirs, tomamos una cerveza en una terraza al sol y comemos. Otra vez un almuerzo magnífico a muy buen precio, con este almuerzo nos despedíamos de Grecia.

Al hotel a recojer las maletas y metro hacia el aeropuerto, esta es su página web en castellano. Llegamos muy bien al aeropuerto (una hora de trayecto en total) y allí nos toca esperar nuestro vuelo que va con retraso y así ponemos fin a esta escapada griega y le decimos hasta la vista a Atenas.

Atenas bajo la lluvia

La verdad es que hasta el cuarto día en la ciudad el tiempo nos había respetado bastante. Temperaturas suaves que bajaban un poco si aparecían nubes o a última hora del atardecer, lo normal. Pero la tregua se acababa. Habíamos visto lo más importante, así que nos tomaríamos con calma lo que quedaba.

Vamos hacia Monastiraki, que hay mercado y además algunas cosas que queremos ver: el Ágora romana, la Biblioteca de Adriano y el Ágora antigua.

El Ágora romana solo la vimos por fuera, y por cierto la entrada de la Acrópolis nos dio acceso a la Biblioteca de Adriano, el Ágora antigua y al día siguiente nos lo daría al templo de Zeus Olímpico que veíamos desde el hotel. Esto es el Ágora romana:

El recinto de la Biblioteca es bastante grande, con poca cosa aún en pie.


Y el Ágora antigua es un espacio simplemente inmenso pero donde solo queda en pie templo dórico, y muchos restos, no hicimos una visita completa porque la lluvia ya nos estaba empezando a cansar. Cuenta con unas vistas muy interesantes.

Como en toda la maña no paró de lloviznar, después de almorzar en un restaurante de Monastiraki petado de gente (turistas y griegos) pero senzillo y típicamente griego (de verdad, no de postal), fuimos para el hotel para una siesta hasta la hora de cenar, al menos estaríamos secos y disfrutaríamos de una habitación de un 4 estrellas. Mañana tocaba volver.

 

Atenas, madrugamos para visitar la Acrópolis

Nos levantamos a las 6, estamos desayunando a las 7 (sí, de vacaciones llevamos un ritmo relajado) y estamos en la cola de las taquillas para subir a la Acrópolis a las 8, tenemos delante a muy poca gente. Es el monumento más visitado de Atenas (con mucha razón) y estamos en temporada alta, o sea que nuestra recomendación es madrugar, además de poca cola habrá poca gente (esto es relativo) allí arriba.

Ya nos comenzamos a conocer el parea que va por la falta del monte donde está situada a Acrópolis, con su impresionante Odeón de Herodes Ático.

La entrada vale 12€ y nos servirá para más atracciones arqueológicas. Entramos por la puerta de los Propileos. Era tan temprano que nos encontramos con un pequeño grupo de soldados griegos que bajaban de la montaña (marcando el paso), supongo que los responsables de hizar la enorme bandera griega que ondea en lo alto.

Hacemos fotos al tempo de Nike Áptera, jónico, y sólo cruzar la entrada allí lo tenemos.

A la izquierda el Erecteón, con sus caríatides, y a la derecha la obra maestra del dórico, el Partenón. Casi 2500 años de mármol, cuna de la civilización. No puedo dejar de repetir que venir temprano ha sido un acierto.

Esto era la estrella del viaje, y el motivo para escojer Atenas, y lo vale, a partir de aquí ya todo iria en bajada. Al salir de allí arriba vamos hacia el estadio Panathinaikó, que el dia antes nos encontramos prácticamente cerrado.

La entrada incluye la posibilidad de visitar un pequeño museo montado en el interior con una muestra de todos los carteles olímpicos y las diferentes antorchas que se usaron. Es bastante interesante, pero lo impresionante es el estadio, de unas dimensiones mucho más que respetables para estar hecho a finales del siglo XIX imitando los estadios clásicos (los estadios tal y como los conocemos y los campos de fútbol, con alguna excepción, son pura arquitectura del siglo XX en adelante).

Remontamos por el parque que hay desde allí a la plaza Síntagma, y allí cogimos el metro. Queríamos ver el Pireo y para eso necesitábamos metro y transbordo, lo conseguimos sin perdernos. La parte donde nos deja el metro es poco agraciada, es desde donde salen los ferris hacia las islas, en verano tiene que ser un no parar. Después de almorzar en un lugar pequeño cerca del mercado (nos pusimos hasta arriba de pescado por 25€) llegamos a la parte de puerto deportivo, y aquí el paseo es más agradecido.

Volvemos al centro y al hotel a descansar un poco hasta la hora de salir a cenar. Queríamos cenar en Monastiraki pero acabamos en un rincón chulísimo de Plaka, un restaurante con música en vivo donde cenamos bastante bien por 39€. Sé que repito mucho los precios, es que me costaba creer que comiéramos dos personas por este precio.

Un par de fotos nocturnas de Plaka hechas con el movil para cerrar esta entrada.

Atenas, primer día (completo)

Nos levantamos, desayunamos en el hotel y nos dispusimos a pasear. El 25 de marzo, fiesta nacional, nos parecía que la Acrópolis estaba cerrada pero no así el museo que hay al pie de la montaña con todas la obras de arte que los ingleses no se llevaron al British Museum. Pero en Grecia la fiesta nacional significa ejército, y el desfile lo teníamos prácticamente en nuestro hotel.

Grecia tiene un ejército grande, sobretodo comparado con otros ejércitor de paises con una población similar. También tienen un conflicto con Turquía, sobretodo por la isla de Chipre, y Turquía es muy grande así que no parece que Grecia, pese a los recortes, reduzca efectivos militares.

El museo de la Acrópolis estaba abierto, es una visita obligada. Al mismo nivel que la Acrópolis en sí y el Partenón.

Las vistas del Partenón son constantes y se irán repitiendo mucho, no me pienso disculpar, ¡esto es un viaje a Atenas!

Saliendo de allí estábamos un poco sin saber a dónde ir, y decidimos tirar para el hotel y pasear por el parque que veíamos desde el comedor. Las columnas corintias del templo a Zeus Olímpico dejan intuir un templo de unas dimensiones colosales.

Llegábamos a un sitio conocido gracias a la televisión como escenario de manifestaciones. Aunque la situación en Grecia no ha mejorado tampoco encontramos un mal ambiente. Supongo que la gente se acostumbra a todo, o se resigna, en fin, en la plaza Síntagma aprovechamos para refugiarnos de la lluvia en un bar.

La guardia nacional, luego volveremos a ella.

Tiramos hacia Monastiraki, y nos encontramos con esta iglesia bizantina (con un aspecto que recuerda a nuestro románico) del siglo XI, la iglesia  Kapnikarea.

Y ya en seguida en el centro-centri de la zona de Monastiraki.

Una vez aquí remontamos hacia arriba, la calle que subía tenía unas buenas vistas y ¡ya era hora de probar una musaca! Es el plato nacional, y prácticamente todos los restaurantes lo preparan, el precio y la calidad pueden variar pero no es un plato ligero, aún así es ideal si tenéis que caminar.

El día anterior lo habíamos empezado a ver, pero hoy confirmábamos que se podía comer bien y barato en Atenas. No es una locura y hay que mirar precios antes de entrar, esto también.

Y el almuerzo, con las vistas, fue fantástico.

 

Queríamos visitar el Monte Licabeto, esto quería decir que teníamos que desandar el camino, volvimos por una calle menos turística y contemplamos una Atenas más real.

De nuevo en la plaza Síntagma pudimos ver el espectacular cambio e guardia. El uniforme parece ridículo, pero no os fiéis de los soldados con uniformes ridículos, la Guardia Suiza Pontificia tiene un uniforme absurdamente ridículo pero son un cuerpo militar de élite. Y juraría que es el mismo caso.

Al Monte Licabeto se llega con un teleférico. ¿Quiere esto decir que nos ahorraremos una subida? A medias. Es uno de esos teleféricos que van bajo tierra, y no se coge precisamente al pie, más bien a media montaña. Una montaña completamente urbanizada, o sea que a subir y hacer escaleras y resoplar… Después por 7€ el teleférico nos dejará en la cima de esta montaña (dónde debe hacer siglos que no se ven los lobos que le dan nombre).

Las vistas son espectaculares, se ve toda Atenas, sorprenden las dimensiones de la ciudad, es realmente muy muy grande.

Además, la luz y las nubes daban un aspecto fantástico, sobretodo hacia la parte del puerto.

Tirando de zoom no era difícil pillar los monumentos más destacados.

En algún momento teníamos que hacernos la típica foto.

De bajada se puso a llover con ganas y nos refugiamos en un bar, al salir fuimos de camino al hotel pasando por el estadio Panathinaikó, donde ya no pudimos entrar por la hora que era.

Se construyó en el siglo XIX, no es un monumento de la Grecia Clásica, pero fue dónde se celebraron los primeros juegos olímpicos de la era moderna en 1896.

Ya en el hotel aprovechamos para descansar un poco antes de ir a Plaka a cenar. Pero nos fuimos fijando en los nombres de las calles para no perdernos al volver. Comimos en una terraza de un bar, en una parte de calle en subida llena de escaleras y terrazas de bar. Comimos muchísimo y no nos pudimos acabar la comida, entre los dos no llegó a los 40€ en plena zona turística. Este iba a ser un viaje en el que disfrutaríamos comiendo.

Gracias a habernos fijado pudimos volver al hotel en seguida. Y nos convenía dormir, al día siguiente nos tocaba madrugón, ¡pero iba a valer la pena!

Atenas, llegada

Visitar Grecia y poder ver en persona el Partenón es una cosa que siempre me había interesado, con esta idea y poco más decidimos nuestro viaje de Semana Santa. También tenía interés en saber si podría leer los carteles con el griego clásico que apredí en 3º de BUP (hice letras puras).

La primera impresión del país no fue la mejor. El aeropuerto está conectado con la ciudad via metro, tren y bus, pero tanto el metro como el tren estaban en huelga, huelga absoluta y en todas las pantallas sólo se leía STRIKE, ni rastro de servicios mínimos, quizás ni existían. Yo estoy a favor de las huelgas en general y sólo me acordé de las madres de los trabajadores en una huelga (la huelga o lo que fuera de controladores aéreos de diciembre de 2010). Tocaría llegar a Atenas en bus.

El bus X95, por 6€ nos llevó a la ciudad. Un bus prácticament colapsado de gente, que hacía lo que buenamente podía, hicimos un buen rato de cola y después más de dos horas de viaje, enlatados y de pie, hasta llegar a la plaza Syntagma. Y desde allí andando hasta el hotel. Cuando preparábamos el viaje y mirábamos dónde alojarnos encontramos una oferta en un hotel de 4 estrellas y ni nos lo pensamos, era este.

Nos registramos, dejamos las maletas y salimos, eran casi las cinco y no habíamos comido, caminamos dirección a la Acrópolis y comimos alguna cosa parecida a un kebab, y ya con el apetito tranquilo caminamos por el paseo que hay rodeando la Acrópolis. Es la foto de Atenas, es el lugar, y a esa hora, con el cambio de luz del crepúsculo, era espectacular.

Fue una toma de contacto muy rápida con la ciudad. Y las primeras sensaciones no eran del todo buenas. La ciudad parece caótica y el tráfico es infernal, y las aceras estan muy hechas polvo, gran parte de la ciudad está así como dejada (no haré el chiste ese de «ya podrían repintar el Partenón»), quizás es un efecto de la brutal crisis que sufren o quizás este es el aspecto normal de la ciudad.

Nos habían recomendado para pasear y comer las zonas de Plaka y Monastiraki, y es lo que hicimos, y nos perdimos a la hora de volver al hotel. Una cosa buena de Atenas son los precions, mirando un poco es posible cenar a precios de lo más razonables, pero hay que mirar que allí (como aquí) también les encanta meter la gran clavada a los turistas.