Atenas, madrugamos para visitar la Acrópolis

Nos levantamos a las 6, estamos desayunando a las 7 (sí, de vacaciones llevamos un ritmo relajado) y estamos en la cola de las taquillas para subir a la Acrópolis a las 8, tenemos delante a muy poca gente. Es el monumento más visitado de Atenas (con mucha razón) y estamos en temporada alta, o sea que nuestra recomendación es madrugar, además de poca cola habrá poca gente (esto es relativo) allí arriba.

Ya nos comenzamos a conocer el parea que va por la falta del monte donde está situada a Acrópolis, con su impresionante Odeón de Herodes Ático.

La entrada vale 12€ y nos servirá para más atracciones arqueológicas. Entramos por la puerta de los Propileos. Era tan temprano que nos encontramos con un pequeño grupo de soldados griegos que bajaban de la montaña (marcando el paso), supongo que los responsables de hizar la enorme bandera griega que ondea en lo alto.

Hacemos fotos al tempo de Nike Áptera, jónico, y sólo cruzar la entrada allí lo tenemos.

A la izquierda el Erecteón, con sus caríatides, y a la derecha la obra maestra del dórico, el Partenón. Casi 2500 años de mármol, cuna de la civilización. No puedo dejar de repetir que venir temprano ha sido un acierto.

Esto era la estrella del viaje, y el motivo para escojer Atenas, y lo vale, a partir de aquí ya todo iria en bajada. Al salir de allí arriba vamos hacia el estadio Panathinaikó, que el dia antes nos encontramos prácticamente cerrado.

La entrada incluye la posibilidad de visitar un pequeño museo montado en el interior con una muestra de todos los carteles olímpicos y las diferentes antorchas que se usaron. Es bastante interesante, pero lo impresionante es el estadio, de unas dimensiones mucho más que respetables para estar hecho a finales del siglo XIX imitando los estadios clásicos (los estadios tal y como los conocemos y los campos de fútbol, con alguna excepción, son pura arquitectura del siglo XX en adelante).

Remontamos por el parque que hay desde allí a la plaza Síntagma, y allí cogimos el metro. Queríamos ver el Pireo y para eso necesitábamos metro y transbordo, lo conseguimos sin perdernos. La parte donde nos deja el metro es poco agraciada, es desde donde salen los ferris hacia las islas, en verano tiene que ser un no parar. Después de almorzar en un lugar pequeño cerca del mercado (nos pusimos hasta arriba de pescado por 25€) llegamos a la parte de puerto deportivo, y aquí el paseo es más agradecido.

Volvemos al centro y al hotel a descansar un poco hasta la hora de salir a cenar. Queríamos cenar en Monastiraki pero acabamos en un rincón chulísimo de Plaka, un restaurante con música en vivo donde cenamos bastante bien por 39€. Sé que repito mucho los precios, es que me costaba creer que comiéramos dos personas por este precio.

Un par de fotos nocturnas de Plaka hechas con el movil para cerrar esta entrada.