Atenas, primer día (completo)

Nos levantamos, desayunamos en el hotel y nos dispusimos a pasear. El 25 de marzo, fiesta nacional, nos parecía que la Acrópolis estaba cerrada pero no así el museo que hay al pie de la montaña con todas la obras de arte que los ingleses no se llevaron al British Museum. Pero en Grecia la fiesta nacional significa ejército, y el desfile lo teníamos prácticamente en nuestro hotel.

Grecia tiene un ejército grande, sobretodo comparado con otros ejércitor de paises con una población similar. También tienen un conflicto con Turquía, sobretodo por la isla de Chipre, y Turquía es muy grande así que no parece que Grecia, pese a los recortes, reduzca efectivos militares.

El museo de la Acrópolis estaba abierto, es una visita obligada. Al mismo nivel que la Acrópolis en sí y el Partenón.

Las vistas del Partenón son constantes y se irán repitiendo mucho, no me pienso disculpar, ¡esto es un viaje a Atenas!

Saliendo de allí estábamos un poco sin saber a dónde ir, y decidimos tirar para el hotel y pasear por el parque que veíamos desde el comedor. Las columnas corintias del templo a Zeus Olímpico dejan intuir un templo de unas dimensiones colosales.

Llegábamos a un sitio conocido gracias a la televisión como escenario de manifestaciones. Aunque la situación en Grecia no ha mejorado tampoco encontramos un mal ambiente. Supongo que la gente se acostumbra a todo, o se resigna, en fin, en la plaza Síntagma aprovechamos para refugiarnos de la lluvia en un bar.

La guardia nacional, luego volveremos a ella.

Tiramos hacia Monastiraki, y nos encontramos con esta iglesia bizantina (con un aspecto que recuerda a nuestro románico) del siglo XI, la iglesia  Kapnikarea.

Y ya en seguida en el centro-centri de la zona de Monastiraki.

Una vez aquí remontamos hacia arriba, la calle que subía tenía unas buenas vistas y ¡ya era hora de probar una musaca! Es el plato nacional, y prácticamente todos los restaurantes lo preparan, el precio y la calidad pueden variar pero no es un plato ligero, aún así es ideal si tenéis que caminar.

El día anterior lo habíamos empezado a ver, pero hoy confirmábamos que se podía comer bien y barato en Atenas. No es una locura y hay que mirar precios antes de entrar, esto también.

Y el almuerzo, con las vistas, fue fantástico.

 

Queríamos visitar el Monte Licabeto, esto quería decir que teníamos que desandar el camino, volvimos por una calle menos turística y contemplamos una Atenas más real.

De nuevo en la plaza Síntagma pudimos ver el espectacular cambio e guardia. El uniforme parece ridículo, pero no os fiéis de los soldados con uniformes ridículos, la Guardia Suiza Pontificia tiene un uniforme absurdamente ridículo pero son un cuerpo militar de élite. Y juraría que es el mismo caso.

Al Monte Licabeto se llega con un teleférico. ¿Quiere esto decir que nos ahorraremos una subida? A medias. Es uno de esos teleféricos que van bajo tierra, y no se coge precisamente al pie, más bien a media montaña. Una montaña completamente urbanizada, o sea que a subir y hacer escaleras y resoplar… Después por 7€ el teleférico nos dejará en la cima de esta montaña (dónde debe hacer siglos que no se ven los lobos que le dan nombre).

Las vistas son espectaculares, se ve toda Atenas, sorprenden las dimensiones de la ciudad, es realmente muy muy grande.

Además, la luz y las nubes daban un aspecto fantástico, sobretodo hacia la parte del puerto.

Tirando de zoom no era difícil pillar los monumentos más destacados.

En algún momento teníamos que hacernos la típica foto.

De bajada se puso a llover con ganas y nos refugiamos en un bar, al salir fuimos de camino al hotel pasando por el estadio Panathinaikó, donde ya no pudimos entrar por la hora que era.

Se construyó en el siglo XIX, no es un monumento de la Grecia Clásica, pero fue dónde se celebraron los primeros juegos olímpicos de la era moderna en 1896.

Ya en el hotel aprovechamos para descansar un poco antes de ir a Plaka a cenar. Pero nos fuimos fijando en los nombres de las calles para no perdernos al volver. Comimos en una terraza de un bar, en una parte de calle en subida llena de escaleras y terrazas de bar. Comimos muchísimo y no nos pudimos acabar la comida, entre los dos no llegó a los 40€ en plena zona turística. Este iba a ser un viaje en el que disfrutaríamos comiendo.

Gracias a habernos fijado pudimos volver al hotel en seguida. Y nos convenía dormir, al día siguiente nos tocaba madrugón, ¡pero iba a valer la pena!

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