Atenas, llegada

Visitar Grecia y poder ver en persona el Partenón es una cosa que siempre me había interesado, con esta idea y poco más decidimos nuestro viaje de Semana Santa. También tenía interés en saber si podría leer los carteles con el griego clásico que apredí en 3º de BUP (hice letras puras).

La primera impresión del país no fue la mejor. El aeropuerto está conectado con la ciudad via metro, tren y bus, pero tanto el metro como el tren estaban en huelga, huelga absoluta y en todas las pantallas sólo se leía STRIKE, ni rastro de servicios mínimos, quizás ni existían. Yo estoy a favor de las huelgas en general y sólo me acordé de las madres de los trabajadores en una huelga (la huelga o lo que fuera de controladores aéreos de diciembre de 2010). Tocaría llegar a Atenas en bus.

El bus X95, por 6€ nos llevó a la ciudad. Un bus prácticament colapsado de gente, que hacía lo que buenamente podía, hicimos un buen rato de cola y después más de dos horas de viaje, enlatados y de pie, hasta llegar a la plaza Syntagma. Y desde allí andando hasta el hotel. Cuando preparábamos el viaje y mirábamos dónde alojarnos encontramos una oferta en un hotel de 4 estrellas y ni nos lo pensamos, era este.

Nos registramos, dejamos las maletas y salimos, eran casi las cinco y no habíamos comido, caminamos dirección a la Acrópolis y comimos alguna cosa parecida a un kebab, y ya con el apetito tranquilo caminamos por el paseo que hay rodeando la Acrópolis. Es la foto de Atenas, es el lugar, y a esa hora, con el cambio de luz del crepúsculo, era espectacular.

Fue una toma de contacto muy rápida con la ciudad. Y las primeras sensaciones no eran del todo buenas. La ciudad parece caótica y el tráfico es infernal, y las aceras estan muy hechas polvo, gran parte de la ciudad está así como dejada (no haré el chiste ese de «ya podrían repintar el Partenón»), quizás es un efecto de la brutal crisis que sufren o quizás este es el aspecto normal de la ciudad.

Nos habían recomendado para pasear y comer las zonas de Plaka y Monastiraki, y es lo que hicimos, y nos perdimos a la hora de volver al hotel. Una cosa buena de Atenas son los precions, mirando un poco es posible cenar a precios de lo más razonables, pero hay que mirar que allí (como aquí) también les encanta meter la gran clavada a los turistas.

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